La fe mueve montañas… y Sentencias

Josep Bertran y Marta Brosa
Brosa, Abogados y Economistas

Las resoluciones de los Tribunales son generalmente tardías, a veces erráticas, otras desconcertantes, Pero la mayoría son fundamentadas, certeras y ajustadas a derecho. La lástima es que, en algunos casos, haya que elevarse hasta el Tribunal Supremo para obtener una Sentencia que tenga aquellas cualidades. Aún así, no hay que perder la fe en los Tribunales –ni en los superiores ni en los inferiores- porque están repletos de juristas conocedores del derecho, preparados, con buena fe  que luchan contra todo y contra todos para impartir justicia. Y eso a pesar de la percepción contraria del administrado.

Hace años, un cliente importador y distribuidor de máquinas de precisión nos llamó porque en un transporte desde Bilbao a Palamós habían llegado las máquinas en unas condiciones tan deplorables que no servían para el objeto de su tecnología: siniestro total. Las cuatro cajas de robusta madera que servían de sólido embalaje llegaron todas con evidentes muestras de maltrato: en todas ellas muescas de las horquillas del toro producidas al intentar engancharlas, una caja presentaba un fuerte golpe lateral con la madera incluso astillada que evidenciaba una caída; otra presentaba signos de haber sido arrastrada; vaya un verdadero desastre. Y eso que las cajas llevaban en inglés y alemán las indicaciones de “material sensibe” y “manejar con cuidad” y una copa de cristal rota como símbolo internacional de frágil.

Como vimos más tarde, los transportistas fueron varios, y en estos casos, el acuerdo entre ellos es imposible porque nadie quiere aceptar la responsabilidad del siniestro ni compartir la indemnización, con la esperanza de que el muerto se lo carguen al otro; sobre todo si, como en este caso, el montante de la reclamación es importante. Nos vimos obligados a interponer demanda contra todos los transportistas en reclamación del importe de los daños.

El juez de primera instancia, en Girona, desestimó nuestra demanda ¡porque las máquinas no eran propiedad del reclamante perjudicado!; olvidando que, en transporte terrestre basta con ser parte en el contrato de transporte para estar activamente legitimado para la instar la reclamación.

Aunque ciertamente decepcionado, el cliente estuvo de acuerdo en apelar y lo hicimos. Aquí la Audiencia de Girona sentenció, como manteníamos nosotros, que para tener derecho a una indemnización, la propiedad no es un elemento a tener en cuenta, y sólo si se ha sido o no parte en el contrato de transporte; y condenó a todos los trasportistas porque a ninguno se le ocurrió poner reservas al anterior. Sin embargo, la Sala no atendió la totalidad de nuestra reclamación porque a pesar de calificar el comportamiento de los transportistas como de negligente (¡once veces!), terminó aplicando la limitación de responsabilidad, y por lo tanto, calculó la indemnización en función del peso y no del valor de las máquinas, que era lo que nosotros pedíamos.

La decepción se tornó en tal incredulidad, que el cliente cansado de pleitos y de gastos tiró la toalla abandonando cualquier esperanza -presente y futura- en la justicia. Sin embargo, nosotros seguíamos viendo meridianamente claro que nuestro cliente tenía razón y, además “toda la razón”, no sólo una parte. Tuvimos que convencerle, casi suplicarle que nos dejara interponer recurso de casación; y nos dejó. El Tribunal Supremo resolvió, por fin, que ni el Juzgado de Primera Instancia, ni la Sala de Apelaciones habían dado en el clavo:  el modo negligente en que los transportistas habían tratado la mercancía –a pesar de las advertencias y símbolos de “frágil” en el embalaje- era muestra de un “desprecio consciente por el cumplimiento de las obligaciones derivadas del contrato” que impedían aplicar la limitación de la responsabilidad. Y condenó a todos los transportistas al pago solidario de una indemnización equivalente al valor de las máquinas.

¿Qué podemos sacar en claro?:

1º) Que el transportista puede equivocarse.

2º) Que si son varios transportistas, pueden equivocarse todos.

3º) Los jueces, también se equivocan.

4º) Los jueces pueden equivocarse dos veces.

5º) A unos, los errores les cuestan dinero; a otros, sólo prestigio.

6º) Tenga fe en sus abogados; si no se la inspiran, cambie de abogado.

7º) Si no quiere/puede soportar todos los costes, llegue a un acuerdo con sus abogados; si lo ven claro, jugarán.