Cien años al servicio de la gente de mar

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Ricard Rodríguez-Martos
Director de Stella Maris

El 4 de octubre de 1920 se constituyó formalmente el Apostolado del Mar, como organización de la Iglesia Católica para la asistencia de la gente de mar.

Este año 2020 se celebra pues el centenario de su fundación, lo cual dará lugar a un congreso mundial en el puerto de Glasgow, en el mes de octubre.

Por su parte, el Apostolado del Mar de Barcelona se creó tan solo 7 años después, en 1927, y por tanto, pronto celebrará también su centenario.

Hay que decir, sin embargo, que ya en el siglo XIX hay testimonios de acciones puntuales de la Iglesia en favor de los marinos y de los pescadores.

Creo que, en cualquier caso, es una buena ocasión para resaltar algunos aspectos importantes del Apostolado del Mar, también conocido como Stella Maris.

El Apostolado del Mar está presente en la actualidad en 322 puertos, de 56 países de todo el mundo. Si consideramos también los centros para marinos de otras confesiones cristianas (anglicanos, protestantes) llegamos a los 450 puertos.

Las circunstancias que envuelven el tráfico marítimo han cambiado, sin duda, mucho en estos 100 años.

La razón de ser de Stella Maris, sin embargo, sigue siendo la lucha por el bienestar de la gente de mar en toda su dimensión humana: personal, social, laboral, espiritual…

A lo largo del siglo XX, empezando por la OIT, en lo referente a las condiciones de vida y de trabajo a bordo de los barcos y seguidamente la OMI, en lo referente a la seguridad y la protección marítimas, han hecho importantes aportaciones, que han supuesto mejoras sensibles en la vida y el trabajo de la gente de mar, pero siguen existiendo muchas deficiencias y, en general la preocupación por el bienestar de las tripulaciones ocupa un lugar secundario en el ámbito marítimo-portuario.

A principios del siglo XX, los marinos pasaban largos meses, e incluso años, lejos de casa, la vida en los barcos era muy precaria y la falta de normativa dejaba al marino en un grave estado de indefensión. En cambio, los barcos estaban días en puerto, las distancias del barco a la ciudad eran pequeñas y ello permitía al marino romper con la rutina y disfrutar de momentos de ocio. Las tripulaciones eran más numerosas, y a bordo siempre había alguien con quien conversar.

Hoy día, la mayor parte de los barcos reúnen mejores condiciones, pero en cambio, las distancias de los muelles a las ciudades han aumentado sensiblemente, la duración de las escalas se ha recortado mucho y el número de tripulantes por barco se ha reducido, provocando una mayor soledad.

Es interesante observar también que, las nuevas tecnologías (teléfonos móviles, WhatsApp, las redes sociales…), facilitan enormemente la comunicación con la familia pero al mismo tiempo aumentan el asilamiento entre los miembros de la tripulación de un barco, que en sus horas libres tienden a encerrarse a visionar sus videos, en detrimento del ocio compartido de otras épocas.

Es cierto también que, para los marinos de países industrializados, las vacaciones han aumentado tanto en número de días como en frecuencia, pero para los marinos de países del llamado Tercer Mundo las campañas siguen siendo muy largas.

Otro fenómeno propio de nuestro tiempo es que se ha roto el vínculo tradicional entre naviera y tripulante y se ha sustituido en gran parte por contrataciones a través de agencias intermediarias, lo que ha conducido a la permanente interinidad y ha propiciado en algunos casos la comisión de abusos.

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El Apostolado del Mar cumple este 2020 su centenario siempre con el mismo objetivo: la lucha por el bienestar de la gente de mar en toda su dimensión humana

Adicionalmente, la celeridad del tráfico y de las operaciones de carga y descarga, han hecho que el trabajo en los barcos sea cada vez más estresante.

Y en medio de todo esto situamos a personas que necesitan relajarse, comunicarse con la familia, poder charlar con gente de tierra, salir a hacer unas compras o a distraerse, e incluso obtener asesoramiento y ayuda en situaciones difíciles.

Stella Maris, atento continuamente a los cambios que se han producido y producen, se plantea cada día, ¿Qué necesitan hoy los marinos? ¿Qué podemos hacer para ayudarles?

La respuesta, como se ha dicho, ha tenido que ir evolucionado con los tiempos.

Hasta mitad del siglo XX, muchos centros Stella Maris disponían de alojamiento, pues era habitual que los marinos deambularan de puerto en puerto, buscando un embarque. Hoy día se hace todo online y ningún barco suele contratar directamente a tripulantes. El resultado es que sólo pocos centros Stella Maris, como en el caso de Barcelona, disponen de residencia.

Durante muchos años la comunicación con las familias era por carta, luego se pasó a los teléfonos fijos mediante tarjetas de prepago y finalmente surgieron las tarjetas SIM, a la vez que las redes wifi cada vez se han ido extendiendo más. Asimismo, a principios del siglo presente, los marinos buscaban el acceso a ordenadores para poder enviar emails o comunicarse vía Skype con la familia. Hoy día, utilizan su propio portátil o bien el teléfono móvil.

Otra necesidad, de máxima actualidad, debida a la creciente distancia de los muelles a la ciudad, es el disponer de un medio de transporte. Habitualmente los centros Stella Maris disponen de furgonetas para ofrecer ese servicio.

Con todo lo más importante viene siendo, cada vez más, la visita a los barcos. El marino agradece enormemente que alguien suba a bordo, no para darle trabajo, sino para darle la bienvenida, conversar un rato y ponerse a su disposición en lo que necesite. A partir de ahí, se requerirá información sobre el puerto y la ciudad, medios de transporte para ir a tierra, adquisición de tarjetas SIM, ayuda ante un problema que tengan, a nivel personal o colectivo, posibilidades de ocio, asistencia social, legal y espiritual.

Todo ello puede llegar a ser complejo. Por eso, Stella Maris no puede contentarse con la frase “hago lo que puedo”, sino “intento hacer todo lo que haga falta”.

Para ofrecer una buena asistencia a la gente de mar, el Apostolado del Mar, aparte de la indispensable acción directa de asistencia a las tripulaciones, tiene que recurrir a la acción indirecta: es decir a dedicar parte de sus esfuerzos a sensibilizar a las comunidades portuarias sobre la importancia de prestar buenos servicios a las tripulaciones, recordando que en función de diversos convenios internacionales de la OIT, como el CTM 2006, los países que los ratifican (entre ellos España) se comprometen a ofrecer dichos servicios a los marinos.

Llevar a cabo esa mentalización no es fácil y requiere mucha constancia. Sigue habiendo quien considera que prestar servicios de bienestar a los marinos es algo filantrópico, pero no necesario.

De ahí, la gran importancia de los Comités de Bienestar en puerto, cuyo objetivo fundamental es que todas las organizaciones presentes en un puerto asuman que el bienestar de los marinos es responsabilidad de todos y que cada uno desde sus competencias debe colaborar a ello. Valdría la pena citar aquí también el grupo de trabajo de sostenibilidad del puerto de Barcelona, que entre sus objetivos contempla la atención a las necesidades de la gente de mar.

Stella Maris se entrega plenamente a esa labor, pero es importante recordar que a pesar de que ya se sabe que sin tripulantes no hay barcos, la gente de mar sigue siendo el eslabón débil del tráfico marítimo. Hace falta mucha labor de sensibilización para enmendar esa situación y mayores recursos económicos y humanos, que suelen ser precarios.